Todo obedece a la inclinación del alma,
la velocidad del deseo,
la capacidad de olvido
para cruzar el mundo
pero no se puede amar la carretera,
como se ama el viaje,
o la espera, la impaciencia y el deseo de cruzarla.
Como se ama el destino, cuando no se ha llegado,
y como se deja de amar, al llegar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario